A vueltas con el estudio de Seralini… otra vez

Lo peor del debate sobre los cultivos y alimentos transgénicos es que estamos siempre dándole vueltas a lo mismo. Como decía el tango, veinte años no es nada, y la industria tiene esa capacidad de infinito cansinismo para ir machacando una y otra vez con los mismos argumentos para aparentar que son más verdaderos. Y como dinero no les falta, no escatiman en medios para acosar e intentar derribar a los que más le molestan.

Así, otra vez más estamos discutiendo sobre la famosa investigación de Seralini, un científico francés de la Universidad de Caen. Resumiendo, que ya he hablado un par de veces de esto en el blog, este señor publicó un estudio bastante demoledor sobre los efectos en ratas de la alimentación a largo plazo con un maíz transgénico. Esto le supuso un ataque brutal de toda la “ciencia” hooligan que, por replicar a nivel experimental lo mismo que hace Monsanto, le lapidaron públicamente.

 Ahora quieren retirar el artículo

Nos encontramos con que la revista que publicó el artículo le pide que lo retire. Ahora bien, si la investigación pasó por el proceso de peer-review, ¿por qué ahora quieren retirarlo? Lo resume muy bien la organización GMWatch. Hay un Comité de Ética en las publicaciones (COPE en sus siglas en inglés), del que la revista que publicó el artículo forma parte. Según este comité los motivos para retirar un estudio son: claras evidencias de que los hallazgos no son fiables por mala conducta (invención de los datos, por ejemplo) o error aunque sea honesto; plagio o publicación redundante, o investigación no ética. En la carta que envía a Seralini, el editor de la revista admite que el artículo no está en ninguno de estos supuestos. Confirma que los datos no presentan ninguna prueba de fraude ni tienen nada de incorrecto. Sin embargo, amenaza con la retirada de su publicación.

¿Qué ha cambiado en la revista para que ahora quieran retirar el mismo artículo al que habían dado el visto bueno? Hace unos meses, y después de una intensa campaña de descrédito hacia la revista, la publicación incluyó dentro de su personal una nueva figura, el “editor asociado para biotecnología”, puesto creado para Richard E. Goodman. Este señor es, casualmente, un antiguo empleado de Monsanto, y miembro del International Life Sciencies Institute (ILSI), un lobby más de la industria de los transgénicos. Todo es, cuanto menos, turbio.

 La EFSA le da a Seralini un poco de razón

La Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), el organismos científico que se encarga de los organismos modificados genéticamente en la Unión Europea salió al poco de la publicación del artículo criticando abiertamente a Seralini, dentro de todo ese corillo de “ciencia” hooligan de ya comenté en otro post. Sin embargo, meses después, y de forma mucho menos mediática, publicó unas guías para realizar estudios de seguridad con alimentos transgénicos durante dos años con roedores que, de forma implícita, validaba el estudio de Seralini. Vamos, que tan malo, tan malo… no será.

 Destruir al adversario

Lo que hay detrás de todos estos movimientos es la necesidad de la industria agrobiotecnológica de destruir al adversario, sin rebatirle. Cada científico que ha presentado indicios y evidencias de impactos de los transgénicos, ya sea sobre la salud o el medio ambiente, ha sido acosado y ha visto como su carrera profesional era atacada por esta especie de mafia de la industria bajo una supuesta cobertura científica. Y lo único que consiguen es, para salvar su negocio, deteriorar la imagen de la ciencia, que cada vez percibimos como algo más sesgado y dominado por los intereses económicos de la industria.

No se como terminará este asunto, pero lo que si que queda claro es que el interés de Monsanto por retirar el artículo y destruir a Seralini solo consigue que sus conclusiones sean más relevantes. Si tanto interés hay en esconderlo, y en desincentivar que otros investigadores sigan esta línea, solo nos queda desconfiar.

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¿Monsanto en retirada?

Monsanto lleva varios meses anunciando su retirada parcial del negocio de los cultivos transgénicos en Europa. En agosto anuciaron, y la Comisión Europea confirmó, que pensaban retirar las solicitudes pendientes para aprobar nuevos cultivos transgénicos para su cultivo en la Unión Europea.

Una buena noticia, sin duda, que demuestra que la oposición ciudadana, y el esfuerzo de organizaciones ecologistas, de consumidores y campesinas llevan haciendo durante años han impedido que Monsanto imponga sus semillas transgénicas en Europea por las buenas, por los procedimientos democráticos. Las organizaciones ecologistas lo celebramos, y con razón. Pero hay algo en todo esto que no deja de inquietar…

 ¿Monsanto en retirada?

Si miramos lo que anuncia Monsanto, en realidad, no cambia demasiado el panorama actual. No renuncian a la solicitud de reautorización del maíz MON810, (que caducó en 2008), el único permitido en la UE, y que se cultiva básicamente en España, un poco en Portugal y en República Checa. Por lo tanto, retirarse, no se retiran tanto…

Y por otro lado, confirman que en Europea se van a centrar en el negocio de la semilla convencional, del que ya controla una buena parte, y no deja de ser lucrativo también.

Los gobiernos europeos no se ponen de acuerdo sobre la autorización de nuevos cultivos, la Comisión Europea ya no quiere asumir el coste político de aprobarlos sin mayoría suficiente como venía haciendo, durante varios años se ha discutido como “renacionalizar” las decisiones sobre aprobaciones de transgénicos sin éxito… La situación está estancada, y hay muchos países que se van a seguir oponiendo. Así que por ahora hay que concentrarse en el negocio en España, cortesía de la Embajada Americana.

 Motivos para desconfiar

Hay ahora mismo dos debates en los que Monsanto se juega mucho más, y en los que merece la pena centrar sus esfuerzos de lobby.

Por un lado, la Unión Europea está en el proceso de reformar la legislación sobre semillas, que puede ayudar a que Monsanto consolide su posición en el mercado de semillas convencionales. Y por el otro, la negociación de un nuevo tratado de libre comercio entre la UE y EEUU, conocido como TTIP o TAFTA, que puede permitir colar cultivos transgénicos a través de negociaciones a puerta cerrada, antidemocráticas y que pueden modificar la legislación europea.

 Reforma de la legislación sobre semillas

Hay muchas razones para desconfiar del resultado de la reforma de la legislación sobre semillas. Por los actores implicados, básicamente la gran industria semillera (Monsanto, Syngenta, Pioneer, Limagrain, etc), por la cantidad de dinero que está en juego, y por la falta de movilización social en materia de semillas. A pesar de ser un tema fundamental para una alimentación sostenible y para garantizar la soberanía alimentaria, la legislación es tan farragosa y difícil de entender, que muy pocas organizaciones de la sociedad civil le dan seguimiento. Tampoco es un tema que entusiasme a los medios de comunicación, con lo que la capacidad de incidencia de la sociedad civil es muy reducida. Los sindicatos y organizaciones campesinas que trabajan estos temas, junto con las redes de intercambio y guardianes de semillas están bastante solos en esta pelea. Y es bastante más fácil colar temas escandalosos en esta legislación que en otras con más visibilidad social. Hay un análisis más detallado de qué está en juego en esta reforma y los actores implicados en este artículo (en inglés).

Negociaciones para un nuevo acuerdo de libre comercio UE-EEUU

Y por otro lado, el gran peligro de los próximos meses, las negociaciones comerciales con EEUU, en la que los negociadores han dejado muy claro desde el principio que todo está encima de la mesa, especialmente los temas agrarios y los organismos modificados genéticamente. De hecho, en medios políticos estadounidenses, se considera este tratado como la última oportunidad de la industria de la biotecnología agraria para implantar sus productos en Europa. Y se están empleando a fondo, aunque por las pocas noticias que van llegando, este va a ser uno de los temas más complicados para negociar.

A la hora de acordar nuevos términos comerciales, con los aranceles ya muy bajos, el núcleo de las conversaciones se centra en los que se denominan barreras técnicas al comercio. Que suele ser, casualmente, legislación de defensa del medio ambiente y del consumidor. Y ahí es donde entran los cultivos y alimentos transgénicos. Se pretende que los niveles de regulación a ambos lados del atlántico se equilibren (a la baja, se entiende), y que si por ejemplo una sustancia o un cultivo transgénico tiene el visto bueno de la autoridad de EEUU, tenga vía libre en la Unión Europea, y viceversa. Y esto, además de a los transgénicos, incluye a la ternera engordada con hormonas, los pollos clorinados y otras prácticas dudosas en materia de alimentación que en Europa están limitadas o prohibidas.

Un análisis más completo de la relación entre seguridad alimentaria, cultivos transgénicos y las negociaciones comerciales UE-EEUU en este artículo (en inglés).

Quincena de acción por la libertad de las semillas

Cada vez que Monsanto hace un anuncio de este estilo, hay más motivos para desconfiar que para bajar la guardia, especialmente en el Estado Español, última “colonia europea de Monsanto“. Circula un llamamiento para una quincena de acción por la libertad de las semillas y los alimentos. Otra ocasión para seguir avanzando por la Soberanía Alimentaria y luchando contra el monopolio de las semillas y los cultivos transgénicos.

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Semillas de Libertad (Seeds of Freedom)

 

 

La historia de las semillas se ha convertido en una historia de pérdida, control, dependencia y deuda. Ha sido escrita por aquellos que quieren obtener vastos beneficios con nuestro sistema alimentario, sin importar lo que realmente cueste. Es hora de cambiar la historia.

Semillas de Libertad es una película de la Fundación Gaia y la Red de Biodiversidad de África.

Semillas de Libertad cuenta la historia de las semillas, desde sus raíces en el corazón de los sistemas tradicionales y diversos de cultivo en todo el mundo, hasta su transformación en una poderosa comodidad, utilizadas para monopolizar el sistema global de alimentación.

Incluye subtítulos en castellano, francés, italiano y portugués.

El salmón transgénico

Poco antes de navidades, se publicaron varias noticias sobre la inminente aprobación del salmón transgénico para consumo humano en EEUU. La empresa estadounidense AquaBounty obtuvo el visto bueno de la agencia reguladora de EEUU, la FDA (Food and Drug Administration). Podría ser el primer animal transgénico aprobado para consumo humano en el mundo, lo que no es cualquier cosa.

¿Para qué?

Estamos esquilmando los caladeros y cada vez hay más demanda de pescado, lo que está propiciando el desarrollo de una importantísima industria de piscifactorías. Este salmón está modificado genéticamente para un crecimiento más rápido que el salmón convencional. Incorpora, en el salmón atlántico  (Salmo salar), genes de otras dos especies de peces: el salmón real (Oncorhynchus tshawytscha) y el Zoarces americanus. La empresa estadounidense AquaBounty lo promociona como una forma de incrementar la producción de alimentos, reducir impactos ambientales y crear empleo. Unos argumentos ya conocidos, los mismos que se usaron para introducir cultivos transgénicos y que todavía están por demostrar. 

No es un alimento, es un fármaco

Esté salmón, que lleva años esperando su aprobación, ha pasado uno de los últimos obstáculos que le quedaba, el visto bueno ambiental de la FDA. Pero lo que no nos contaba ninguno de los periódicos españoles que trataron el tema (El País, ABC, La Opinión A Coruña o Público en su momento) es que esta agencia considera los animales transgénicos como medicamentos veterinarios, y no como alimentos. ¿Qué se consigue así? Basicamente, limitar el alcance de los estudios de riesgo, como los de seguridad alimentaria o los relativos a posibles alergias. Además, como en la Unión Europea, toda la evaluación se basa en los estudios aportados por la empresa, que muchos científicos independientes consideran sesgados, incompletos y con graves errores. Entre otras cosas, no se ha estudiado a fondo el proceso de inserción de estos genes y las muestras para los estudios eran demasiado reducidas para poder sacar conclusiones estadísticamente significativas.

¿Es seguro comer salmón transgénico?

No parece que la FDA se haya tomado muchas molestias en averiguarlo. Los datos presentados indican mayor porcentaje de una hormona relacionada con la incidencia de cancer en humanos y un 52% de incremento en su potencial alergénico. En cuanto a composición nutricional, parece contener menos proteínas y más grasa, y presenta grandes diferencias en contenido de vitaminas, minerales y aminoácidos.

Está también la cuestión del uso (y abuso) de antibióticos en la cría de pescado. Por los datos que aporta la empresa, el salmón transgénico podría necesitar un mayor uso de antibióticos, con posibles problemas de salud, alergias o generación de resistencias.

Consideraciones sobre bienestar animal

Los datos de la propia empresa reconocen que el salmón transgénico sufre mayores tasas de malformaciones y problemas de salud no observados en salmones convencionales. Lo que resulta bastante inquietante conociendo las condiciones ya de por si crueles de los peces criados en piscifactorías. Pero la FDA ha decidido que estos temas se evaluarán mejor en un seguimiento posterior a su aprobación.

Salmones kilométricos

Por si nuestro sistema alimentario no fuese ya una de las principales causas de cambio climático, la propuesta inicial de AquaBounty es producir los huevos de salmón en sus instalaciones de la isla del Príncipe Eduardo, Canadá, para después llevarlos por transporte aéreo a Panamá, criarlos allí, y transportarlos por barco a EE.UU. para su consumo. La lógica empresarial debe estar muy clara, pero la ambiental no se intuye por ningún lado. La FDA ha evaluado tan solo los riesgos de este sistema de producción, pero AquaBounty tiene intención de vender huevos de salmón a otras empresas de cualquier país, y los riesgos de este trasiego internacional de huevos y salmones transgénicos no ha sido considerado.

¿Y si se escapan?

No parece que se hayan analizado a fondo las potenciales consecuencias de que estos salmones transgénicos entren en los ecosistemas. Científicos del United States Fish and Wildlife Service calificaron la evaluación de riesgos realizada por la FDA como “excesivamente simplista”. Y estos escapes son una posibilidad real. Cada año, millones de salmones escapan de los criaderos, compitiendo con los salmones salvajes. Incluso a la propia Aquabounty ya se le han escapado algunos de sus instalaciones en Panamá a raíz de una tormenta. Mientras, una publicación científica apuntaba que con el escape de tan solo 60 peces transgénicos puede suponer la extinción de una población de 60.000 animales en tan solo 40 generaciones de peces.

En caso de escape, el salmón transgénico puede competir con el salmón salvaje por comida y para su reproducción, y hay estudios que afirman que sobreviviría en libertad. La respuesta de la empresa es que estos salmones transgénicos serán esteriles, aunque reconocen en la solicitud de aprobación que solo en un 95% de los casos. Plantea también planes de contención en su cría, que generan también muchas dudas debido al pequeño tamaño de los huevos de salmón.

¿Todo esto es necesario?

La industria salmonera no ha recibido este salmón transgénico con mucha alegría. Llevan muchos años desarrollando variedades de salmón de crecimiento rápido por métodos convencionales. Una de las principales empresas noruegas del sector, Salmobreed, asegura que algunas de ellas presentan tasas de crecimiento superiores al salmón transgénico.

Los mismos intereses de siempre

Yo lo intento, pero mira que es dificil escribir un post sobre estos temas sin mencionar a Monsanto. Casi la mitad de las acciones de Aquabounty pertenecen a la empresa de biología sintética Intrexon, que cuenta entre sus directivos con Robert Shapiro, antiguo Presidente de Monsanto. Por complicar la historia un poco más, Intrexon compró su parte de la empresa a un antiguo Ministro de Economía de Georgia. Aquabounty mantiene un acuerdo con Oxitec, la empresa británica que está liberando mosquitos transgénicos, para patentar métodos de esterilización.

Resulta evidente que toda la industria biotecnológica está expectante (y presionando) ante la aprobación del salmón transgénico, como primer paso a futuros desarrollos. Parte de sus expectativas de negocio dependen de cómo se regule, considere y apruebe el salmón de AquaBounty.

La industria del salmón ya es suficientemente dañina

La cría de salmón ya está esquilmando los caladeros. El salmón es una especie carnívora, y son alimentados frecuentemente con capturas pesqueras de otras especies. Gran parte de las capturas se dedican ya a la alimentación de pescado en piscifactorías y criaderos en forma de harinas y  aceites de pescado. Por cada kilo de salmón se necesitan tres kilos de otras especies. Y es de esperar que un salmón que crece a más velocidad consuma más alimento. Según AquaBounty, su salmón transgénico consume hasta cinco veces más alimento que uno convencional

¿Y estará bueno?

Cualidades como el sabor, la textura, la calidad o los costes de producción no han sido incluidos en la evaluación de la FDA, con lo que es complicado saber cómo sabe este nuevo salmón. Lo que si sabemos es que es rechazado por una mayoría de la población estadounidense, que demanda que en caso de llegar a la venta, sea etiquetado.

Su llegada a la alimentación, ¿es inminente?

Parece que a la FDA le llevará aún un tiempo revisar los miles de comentarios recibidos en el periodo de alegaciones. Además, llega en un momento en el que el debate sobre los alimentos transgénicos está muy vivo en EEUU, con múltiples intentos para su etiquetado, y con una opinión pública cada vez más crítica. Mientras, en la Unión Europea ya se está preparando el marco regulatorio para su tramitación, pero la experiencia con los cultivos transgénicos nos indica que es bastante probable que este salmón tardará en llegar a ser debatido en Europa.

Ofensiva en América Latina y masacre del maíz mexicano

Dentro de la nueva ofensiva de las multinacionales para introducir más cultivos transgénicos en América Latina, uno de los casos más graves es la amenaza de Monsanto y Dupont-Pioneer de cultivar en México una superficie de maíz transgénico superior al territorio de El Salvador.

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A pesar de las buenas noticias que llegan desde Perú, con la reciente aprobación de la reglamentación de la moratoria de 10 años al ingreso y producción de transgénicos en el país, la presión de la agroindustria cada vez es más fuerte en América Latina. Aunque el rechazo a los cultivos transgénicos está incluido en la constitución de Ecuador, el Presidente Correa lleva unos meses intentando agitar la polémica para dar marcha atras, usando los ya manidos y no demostrados argumentos de incrementos de la productividad y lucha contra el hambre. A esto le sumamos que tras el golpe en Paraguay contra el Presidente Lugo, casualmente una de las primeras medidas de la nueva administración ha sido acelerar la introducción de cultivos transgénicos, con show incluido en el que el nuevo Presidente Federico Franco interrumpió una misa para rebatir las críticas del obispo a las semillas transgénicas.

Ya no es suficiente con tener el cono sur convertido en una República de la Soja, una auténtica catástrofe ambiental, sanitaria y campesina, ahora el objetivo son nuevos cultivos: maíz, algodón… De nuevo cultivos industriales para satisfacer la demanda de materia prima para alimentación de ganado, textil y agrocombustibles en EEUU y resto de países ricos.

Dentro de esta ofensiva comienza el asalto final al centro de origen y de diversidad del maíz, México, su lugar de procedencia y donde se han identificado cientos de variedades desarrolladas durante siglos por campesinos y campesinas. Ahora, todas estas variedades podrían estar bajo un riesgo inaceptable de contaminación genética. Si con tan solo aprobarse el tratado de libre comercio entre México-EEUU-Canadá ya se empezó a detectar la contaminación del maíz mexicano por la importación de maíz transgénico, si se autoriza la siembra la pérdida de agrobiodiversidad será irreversible. Al denunciar esta situación, el científico de la Universidad de Berkeley Ignacio Chapela sufrió una persecución brutal, y esto nos indica que la agroindustria no va a reparar en gastos para conseguir sus objetivos esta vez tampoco.

La solicitud de Monsanto y Dupont-Pioneer abarcaría una superficie de dos millones y medio de hectáreas, un área mayor a la de algunos países, como El Salvador. Y una gran parte sería con el maíz resistente a herbicidas NK603 que levantó la polémica con la publicación de un artículo que lo relacionaba con daños a la salud.

En los próximos días sabremos si una de las últimas decisiones del presidente saliente, Felipe Calderón, es condenar a muerte al centro de diversidad de uno de los cultivos más importantes para la humanidad, regalándoselo a las multinacionales semilleras.

Mas información:

Comunicado de La Vía Campesina: Transgénicos en México, un crimen contra el maíz campesino e indígena, un crimen contra la humanidad

Comunicado del grupo ETC: Masacre del maíz mexicano

Y se puede pedir a Felipe Calderón que prohíba las siembras de maíz transgénico aquí

El derecho a saber, California y el etiquetado de los alimentos transgénicos

El día de las elecciones en EEUU no solamente estaba en cuestión la relección de Obama. En cada estado se votaban cientos de propuestas, en forma de referéndum. Una de ellas, conocida como la Proposición 37, pedía en California el etiquetado obligatorio de los alimentos procedentes de organismos modificados genéticamente. Aunque la propuesta fue rechazada por un escaso margen tras una multimillonaria campaña de la industria, el debate sobre los transgénicos se ha relanzado y el movimiento por otro sistema alimentario se está afianzando dentro del panorama político y social.

El derecho a saber

EEUU es la cuna de los cultivos transgénicos (y la sede de Monsanto). Y no es casualidad que en el país donde más se han extendido sea de los pocos que no obliga a su etiquetado en alimentos o piensos. La propaganda de la industria siempre proclama que tras años de consumo en EEUU no se han detectado problemas de salud en la población. Pero evitan mencionar que al no estar etiquetados, en caso de aparecer algún problema, es practicamente imposible relacionar causa y efecto. Y que al estar los cultivos transgénicos actuales orientados a la producción industrial, entran en la alimentación en dosis aún relativamente bajas.

ImageFoto: GMO inside

Mientras, en 61 países a nivel mundial es obligatorio el etiquetado de estos alimentos, como muestra un mapa creado para la ocasión por el Center for Food Safety

Todas las encuestas muestran un apoyo masivo, de hasta el 90%, de la población al etiquetado de los alimentos transgénicos. Unas semanas antes de que se lanzara la última parte de la contracampaña de la industria, las encuestas mostraban un apoyo del 60% en California frente a un rechazo del 25%.

¿Cómo se consigue dar la vuelta a estas cifras? A base de dinero y de una campaña de distracción y miedo.

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La campaña contra la Proposición 37 fue lanzada por las grandes multinacionales alimentarias y la agroindustria, de Pepsi, Coca-Cola, Nestlé, Kraft, Unilever, Kellog’s o DelMonte a Syngenta, Monsanto, Bayer, Bunge, Cargill o Dow. Solo el dinero aportado por Monsanto supera la cantidad recaudada por los partidarios del sí.

ImageFuente: Organic Consumer Association

Con todo este dinero, unos 46 millones de dólares, no han defendido la tecnología o cuestionado el derecho a saber. Han lanzado una campaña para generar confusión y crear miedo a los costes económicos que tendría el etiquetado, o a los problemas legales que conllevaría, lo que supuestamente plantería mayores impuestos para el contribuyente.

El movimiento alimentario entra en el debate público

A pesar de esta derrota, la campaña por la proposición 37 ha conseguido lanzar de forma masiva al movimiento por otro sistema alimentario. Un movimiento que ha sido capaz de movilizar a más de 10.000 voluntarios y de recaudar más de 8 millones de dólares prácticamente a base de donaciones individuales. No han conseguido, esta vez, el objetivo del etiquetado obligatorio, pero han conseguido introducir el tema en el debate político nacional.

ImageFoto: GMO inside

Un debate, el de los alimentos transgénicos, que estaba muy poco presente en EE.UU., y que ahora se manifiesta a través de la exigencia del derecho a saber el origen de los alimentos. Y que está aumentando la desconfianza de la ciudadanía en una industria agroalimentaria que apuesta por negar derechos básicos al consumidor para no poner en juego su modelo y sus beneficios.

¿Y ahora qué?

Los resultados de este movimiento los veremos a medio plazo. Por un lado, en el frente del derecho a saber, ya hay varios estados intentando promover legislaciones parecidas. Y está por ver hasta que punto este movimiento es capaz de forzar a Obama a cumplir lo que ya prometió en la anterior campaña electoral, una legislación nacional de etiquetado de alimentos modificados genéticamente

Por otro lado, en la reacción ciudadana y de la administración ante los nuevos transgénicos que la industria quiere introducir en la alimentación y en el medio ambiente, como el salmón modificado genéticamente o los mosquitos transgénicos.

A pesar de haber perdido el referéndum, esto tiene buena pinta…

Ciencia y riesgos de los alimentos transgénicos II. El estudio de Seralini y la ciencia hooligan

Hace un par de semanas se montó mucho revuelo en los medios de comunicación, especialmente en los franceses, por la publicación de un artículo científico que demostraba daños toxicológicos de un maíz transgénico de Monsanto en ratas de laboratorio. Aunque ya le dediqué una entrada, por la relevancia del artículo, y porque la reacción de la industria esta siendo brutal, desde entonces ha habido una campaña de desprestigio hacia el investigador, Gilles-Eric Seralini, que sobrepasa las tácticas ya conocidas de la industria de los transgénicos.
Recapitulando un poco, el estudio del equipo de Seralini parece relevante por ser el primero que se realiza tan a largo plazo para evaluar la seguridad de un alimento modificado genéticamente. Dos años frente a los 90 días que marcan la legislación de la UE. Está publicado en una revista científica, ha pasado un proceso de revisión (peer-review) y encuentra que las ratas alimentadas con el maíz transgénico NK603 incluso a bajas dosis, presentan mayor proporción de daños en hígado o riñones y otros problemas como tumores.

Seguramente los autores eran conscientes de la relevancia de estos resultados, que mantuvieron confidenciales hasta lanzarlos con una campaña mediática bastante potente, exclusivas en la prensa francesa, un par de libros, documentales… La industria de la agrobiotecnología también ha sido consciente del daño que este estudio le podía causar, y por eso ha sacado toda la artillería, asumiendo como un daño colateral el desprestigio de la ciencia y la credibilidad del sistema de publicaciones científicas.

La industria contraataca

El ataque a los autores del estudio comenzó cuando apenas habían pasado unos minutos desde su publicación, a través de una web financiada por la industria, el Science Media Center. Las objeciones planteadas al estudio van desde el tamaño de la muestra, el tipo de rata utilizada, los modelos estadísticos aplicados… Hay varias respuestas muy argumentadas, como la de GM Watch, la Red Europea de Científicos por la Responsabilidad Social y Ambiental (ENSSER) o las de los propios autores.

El resumen sería que este ensayo no es perfecto, pero sigue los protocolos adecuados, los que sigue la propia Monsanto, utilizando el mismo tipo y número de ratas. El estudio se diseñó para analizar la toxicidad crónica, no la generación de tumores. Este tipo de estudio sí que hubiera requerido de una muestra mayor y de otro diseño experimental. Por eso los autores han sido bastante cautos en relación al tema de los tumores, de los que su estudio solo puede sugerir la urgente necesidad de realizar estudios específicos sobre el tema.

El artículo ha pasado el mismo proceso de revisión que cualquier artículo científico, y no levantó ninguna alarma durante ese proceso. Es a partir de su publicación que comienza la campaña de difamación. Y la intención es clara, desacreditar tanto la calidad del estudio que ni la prensa los activistas puedan utilizarlo como argumento.

Se ha criticado mucho también la forma en que se lanzaron al público los resultados del estudio. El artículo se envió a ciertos periodistas, bajo embargo, y con la condición de que no lo contrastaran con otros científicos hasta el día de su lanzamiento. Viendo lo poco que ha tardado la industria en lanzar sus mensajes desacreditando el estudio, además de que parece que no se ha cumplido este embargo, no hace sino darle la razón a los autores al tomar estas precauciones.

Conflictos de intereses

La organización inglesa GM Watch se tomó la molestia de investigar el origen de las críticas al estudio. Y no solo es la financiación de la web desde la que se promovieron las críticas, también el perfil de los científicos que las realizaban. El resultado no sorprende. Practicamente todos trabajan en centros financiados por las principales multinacionales de los transgénicos, muchos de ellos tienen sus propias empresas biotecnológicas donde, casualmente, los principales inversores son las mismas multinacionales, y algunos ya participaron en la “cacería” de otros científicos que han publicado artículos sobre potenciales daños de los alimentos transgénicos a la salud.

El siguiente ataque vino desde la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA en sus siglas en inglés) que publicó una crítica demoledora del trabajo de Seralini y su equipo, con argumentos similares a los ya publicados. La EFSA llega a decir que el trabajo es de tan mala calidad que no merece ser considerado como válido. De nuevo la EFSA sale en defensa de la industria, demostrando lo que algunos consideran un “doble rasero”: tremendamente permisivos con las multinacionales del sector, pero extremadamente duro con cualquier crítica hacia los transgénicos. Y no sorprende de una agencia que se mueve en un constante conflicto de intereses de la mayoría de los miembros de su panel sobre transgénicos y que lleva años envuelta en polémicas sobre puertas giratorias, con miembros de la EFSA pasando a trabajar para la industria que hasta hacía días estaba regulando y supervisando. Es interesante el resumen que hace el Corporate Europe Observatory sobre este tema. Incluso la Corte de Auditores de la Comisión Europea ha criticado recientemente a la EFSA por conflictos de intereses.

Pero la defensa de este trabajo y de la necesidad de considerar sus aportaciones en vez de denostarlas viene también del ámbito científico. Afortunadamente hay redes de investigadores que se agrupan para defenderse de los ataques de la industria e intentar mantener un poco de independencia. Es el caso de ENSSER, la Red Europea de Científicos por la Responsabilidad Social y Ambiental, que elaboraron una respuesta a estas críticas, apelando a un debate sereno sobre la evaluación de riesgos a largo plazo de los alimentos transgénicos. También circula una carta abierta contra los ataques a la ciencia independiente firmada por varias decenas de investigadores.
Pero como no era suficiente para intentar destrozar la credibilidad del equipo de autores del estudio, varias Academias científicas francesas publicaron una nota extremadamente crítica con este trabajo. Un movimiento novedoso, y parece que bastante arriesgado. Varios miembros de estas academias han protestado publicamente de que no han sido consultados para elaborar esta declaración, que dicen fue realizada más que por las seis academias, por doce personas que no han consultado al resto. Paradojico resulta el caso de Paul Deheuvels, el único experto en estadística dentro de la Academia de Ciencias, que no ha sido consultado en un trabajo del que una de las mayores críticas es el tratamiento estadístico de los datos.

Los gobiernos, ¿reaccionan?

En medio de toda esta guerra, las reacciones políticas son de lo más variadas y da mucho que pensar. El Gobierno Francés, que ya prohibió en su territorio el cultivo del maíz transgénico MON810 que se cultiva en España, ha solicitado a la Unión Europea revisar los riesgos a largo plazo de los cultivos transgénicos, reconociendo que este estudio por lo menos es una señal de alarma. Mientras, el Gobierno Ruso ha suspendido las importaciones de este maíz transgénico. ¿Y el Gobierno Español? Respecto a este maíz, nada. Pero hace solo unos días reafirmó su defensa del maíz transgénico en respuesta a una pregunta parlamentaria del diputado de UPyD Toni Cantó.

Daños colaterales

Uno de los resultados más graves de toda esta campaña de difamación es el daño que se le hace a la Ciencia y al sistema de investigación. Utilizar instituciones científicas para atacar a quien no te da la razón no hace más que desprestigiar la profesión. Cuando la ciudadanía percibe que la ciencia no responde a los intereses sociales y solo defiende los intereses de quién la financia, se corre el peligro de abrir un abismo entre ciencia y sociedad.

En este debate sobre la introducción de cultivos y alimentos transgénicos hay tantos y tan potentes intereses cruzados, que la obligación de cualquier científico es cuestionarse ante cualquier nuevo trabajo, evidencia o dato. Sin embargo, lo que vemos es que cada vez que aparecen evidencias que cuestionan la seguridad ambiental o para la salud de los transgénicos, hay un sector del estamento científico que sale en tromba a denostar estas evidencias, en una actitud más de hoolingan que de verdadero científico. Ya sea llevados por verdadera fe ciega en la biotecnología agraria o promovido por intereses económico o profesional, esta actitud desacredita la ciencia para un amplio grupo de la población. Pero ya habrá ocasión de tratar más este tema…