El salmón transgénico

Poco antes de navidades, se publicaron varias noticias sobre la inminente aprobación del salmón transgénico para consumo humano en EEUU. La empresa estadounidense AquaBounty obtuvo el visto bueno de la agencia reguladora de EEUU, la FDA (Food and Drug Administration). Podría ser el primer animal transgénico aprobado para consumo humano en el mundo, lo que no es cualquier cosa.

¿Para qué?

Estamos esquilmando los caladeros y cada vez hay más demanda de pescado, lo que está propiciando el desarrollo de una importantísima industria de piscifactorías. Este salmón está modificado genéticamente para un crecimiento más rápido que el salmón convencional. Incorpora, en el salmón atlántico  (Salmo salar), genes de otras dos especies de peces: el salmón real (Oncorhynchus tshawytscha) y el Zoarces americanus. La empresa estadounidense AquaBounty lo promociona como una forma de incrementar la producción de alimentos, reducir impactos ambientales y crear empleo. Unos argumentos ya conocidos, los mismos que se usaron para introducir cultivos transgénicos y que todavía están por demostrar. 

No es un alimento, es un fármaco

Esté salmón, que lleva años esperando su aprobación, ha pasado uno de los últimos obstáculos que le quedaba, el visto bueno ambiental de la FDA. Pero lo que no nos contaba ninguno de los periódicos españoles que trataron el tema (El País, ABC, La Opinión A Coruña o Público en su momento) es que esta agencia considera los animales transgénicos como medicamentos veterinarios, y no como alimentos. ¿Qué se consigue así? Basicamente, limitar el alcance de los estudios de riesgo, como los de seguridad alimentaria o los relativos a posibles alergias. Además, como en la Unión Europea, toda la evaluación se basa en los estudios aportados por la empresa, que muchos científicos independientes consideran sesgados, incompletos y con graves errores. Entre otras cosas, no se ha estudiado a fondo el proceso de inserción de estos genes y las muestras para los estudios eran demasiado reducidas para poder sacar conclusiones estadísticamente significativas.

¿Es seguro comer salmón transgénico?

No parece que la FDA se haya tomado muchas molestias en averiguarlo. Los datos presentados indican mayor porcentaje de una hormona relacionada con la incidencia de cancer en humanos y un 52% de incremento en su potencial alergénico. En cuanto a composición nutricional, parece contener menos proteínas y más grasa, y presenta grandes diferencias en contenido de vitaminas, minerales y aminoácidos.

Está también la cuestión del uso (y abuso) de antibióticos en la cría de pescado. Por los datos que aporta la empresa, el salmón transgénico podría necesitar un mayor uso de antibióticos, con posibles problemas de salud, alergias o generación de resistencias.

Consideraciones sobre bienestar animal

Los datos de la propia empresa reconocen que el salmón transgénico sufre mayores tasas de malformaciones y problemas de salud no observados en salmones convencionales. Lo que resulta bastante inquietante conociendo las condiciones ya de por si crueles de los peces criados en piscifactorías. Pero la FDA ha decidido que estos temas se evaluarán mejor en un seguimiento posterior a su aprobación.

Salmones kilométricos

Por si nuestro sistema alimentario no fuese ya una de las principales causas de cambio climático, la propuesta inicial de AquaBounty es producir los huevos de salmón en sus instalaciones de la isla del Príncipe Eduardo, Canadá, para después llevarlos por transporte aéreo a Panamá, criarlos allí, y transportarlos por barco a EE.UU. para su consumo. La lógica empresarial debe estar muy clara, pero la ambiental no se intuye por ningún lado. La FDA ha evaluado tan solo los riesgos de este sistema de producción, pero AquaBounty tiene intención de vender huevos de salmón a otras empresas de cualquier país, y los riesgos de este trasiego internacional de huevos y salmones transgénicos no ha sido considerado.

¿Y si se escapan?

No parece que se hayan analizado a fondo las potenciales consecuencias de que estos salmones transgénicos entren en los ecosistemas. Científicos del United States Fish and Wildlife Service calificaron la evaluación de riesgos realizada por la FDA como “excesivamente simplista”. Y estos escapes son una posibilidad real. Cada año, millones de salmones escapan de los criaderos, compitiendo con los salmones salvajes. Incluso a la propia Aquabounty ya se le han escapado algunos de sus instalaciones en Panamá a raíz de una tormenta. Mientras, una publicación científica apuntaba que con el escape de tan solo 60 peces transgénicos puede suponer la extinción de una población de 60.000 animales en tan solo 40 generaciones de peces.

En caso de escape, el salmón transgénico puede competir con el salmón salvaje por comida y para su reproducción, y hay estudios que afirman que sobreviviría en libertad. La respuesta de la empresa es que estos salmones transgénicos serán esteriles, aunque reconocen en la solicitud de aprobación que solo en un 95% de los casos. Plantea también planes de contención en su cría, que generan también muchas dudas debido al pequeño tamaño de los huevos de salmón.

¿Todo esto es necesario?

La industria salmonera no ha recibido este salmón transgénico con mucha alegría. Llevan muchos años desarrollando variedades de salmón de crecimiento rápido por métodos convencionales. Una de las principales empresas noruegas del sector, Salmobreed, asegura que algunas de ellas presentan tasas de crecimiento superiores al salmón transgénico.

Los mismos intereses de siempre

Yo lo intento, pero mira que es dificil escribir un post sobre estos temas sin mencionar a Monsanto. Casi la mitad de las acciones de Aquabounty pertenecen a la empresa de biología sintética Intrexon, que cuenta entre sus directivos con Robert Shapiro, antiguo Presidente de Monsanto. Por complicar la historia un poco más, Intrexon compró su parte de la empresa a un antiguo Ministro de Economía de Georgia. Aquabounty mantiene un acuerdo con Oxitec, la empresa británica que está liberando mosquitos transgénicos, para patentar métodos de esterilización.

Resulta evidente que toda la industria biotecnológica está expectante (y presionando) ante la aprobación del salmón transgénico, como primer paso a futuros desarrollos. Parte de sus expectativas de negocio dependen de cómo se regule, considere y apruebe el salmón de AquaBounty.

La industria del salmón ya es suficientemente dañina

La cría de salmón ya está esquilmando los caladeros. El salmón es una especie carnívora, y son alimentados frecuentemente con capturas pesqueras de otras especies. Gran parte de las capturas se dedican ya a la alimentación de pescado en piscifactorías y criaderos en forma de harinas y  aceites de pescado. Por cada kilo de salmón se necesitan tres kilos de otras especies. Y es de esperar que un salmón que crece a más velocidad consuma más alimento. Según AquaBounty, su salmón transgénico consume hasta cinco veces más alimento que uno convencional

¿Y estará bueno?

Cualidades como el sabor, la textura, la calidad o los costes de producción no han sido incluidos en la evaluación de la FDA, con lo que es complicado saber cómo sabe este nuevo salmón. Lo que si sabemos es que es rechazado por una mayoría de la población estadounidense, que demanda que en caso de llegar a la venta, sea etiquetado.

Su llegada a la alimentación, ¿es inminente?

Parece que a la FDA le llevará aún un tiempo revisar los miles de comentarios recibidos en el periodo de alegaciones. Además, llega en un momento en el que el debate sobre los alimentos transgénicos está muy vivo en EEUU, con múltiples intentos para su etiquetado, y con una opinión pública cada vez más crítica. Mientras, en la Unión Europea ya se está preparando el marco regulatorio para su tramitación, pero la experiencia con los cultivos transgénicos nos indica que es bastante probable que este salmón tardará en llegar a ser debatido en Europa.

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El derecho a saber, California y el etiquetado de los alimentos transgénicos

El día de las elecciones en EEUU no solamente estaba en cuestión la relección de Obama. En cada estado se votaban cientos de propuestas, en forma de referéndum. Una de ellas, conocida como la Proposición 37, pedía en California el etiquetado obligatorio de los alimentos procedentes de organismos modificados genéticamente. Aunque la propuesta fue rechazada por un escaso margen tras una multimillonaria campaña de la industria, el debate sobre los transgénicos se ha relanzado y el movimiento por otro sistema alimentario se está afianzando dentro del panorama político y social.

El derecho a saber

EEUU es la cuna de los cultivos transgénicos (y la sede de Monsanto). Y no es casualidad que en el país donde más se han extendido sea de los pocos que no obliga a su etiquetado en alimentos o piensos. La propaganda de la industria siempre proclama que tras años de consumo en EEUU no se han detectado problemas de salud en la población. Pero evitan mencionar que al no estar etiquetados, en caso de aparecer algún problema, es practicamente imposible relacionar causa y efecto. Y que al estar los cultivos transgénicos actuales orientados a la producción industrial, entran en la alimentación en dosis aún relativamente bajas.

ImageFoto: GMO inside

Mientras, en 61 países a nivel mundial es obligatorio el etiquetado de estos alimentos, como muestra un mapa creado para la ocasión por el Center for Food Safety

Todas las encuestas muestran un apoyo masivo, de hasta el 90%, de la población al etiquetado de los alimentos transgénicos. Unas semanas antes de que se lanzara la última parte de la contracampaña de la industria, las encuestas mostraban un apoyo del 60% en California frente a un rechazo del 25%.

¿Cómo se consigue dar la vuelta a estas cifras? A base de dinero y de una campaña de distracción y miedo.

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La campaña contra la Proposición 37 fue lanzada por las grandes multinacionales alimentarias y la agroindustria, de Pepsi, Coca-Cola, Nestlé, Kraft, Unilever, Kellog’s o DelMonte a Syngenta, Monsanto, Bayer, Bunge, Cargill o Dow. Solo el dinero aportado por Monsanto supera la cantidad recaudada por los partidarios del sí.

ImageFuente: Organic Consumer Association

Con todo este dinero, unos 46 millones de dólares, no han defendido la tecnología o cuestionado el derecho a saber. Han lanzado una campaña para generar confusión y crear miedo a los costes económicos que tendría el etiquetado, o a los problemas legales que conllevaría, lo que supuestamente plantería mayores impuestos para el contribuyente.

El movimiento alimentario entra en el debate público

A pesar de esta derrota, la campaña por la proposición 37 ha conseguido lanzar de forma masiva al movimiento por otro sistema alimentario. Un movimiento que ha sido capaz de movilizar a más de 10.000 voluntarios y de recaudar más de 8 millones de dólares prácticamente a base de donaciones individuales. No han conseguido, esta vez, el objetivo del etiquetado obligatorio, pero han conseguido introducir el tema en el debate político nacional.

ImageFoto: GMO inside

Un debate, el de los alimentos transgénicos, que estaba muy poco presente en EE.UU., y que ahora se manifiesta a través de la exigencia del derecho a saber el origen de los alimentos. Y que está aumentando la desconfianza de la ciudadanía en una industria agroalimentaria que apuesta por negar derechos básicos al consumidor para no poner en juego su modelo y sus beneficios.

¿Y ahora qué?

Los resultados de este movimiento los veremos a medio plazo. Por un lado, en el frente del derecho a saber, ya hay varios estados intentando promover legislaciones parecidas. Y está por ver hasta que punto este movimiento es capaz de forzar a Obama a cumplir lo que ya prometió en la anterior campaña electoral, una legislación nacional de etiquetado de alimentos modificados genéticamente

Por otro lado, en la reacción ciudadana y de la administración ante los nuevos transgénicos que la industria quiere introducir en la alimentación y en el medio ambiente, como el salmón modificado genéticamente o los mosquitos transgénicos.

A pesar de haber perdido el referéndum, esto tiene buena pinta…