Ofensiva en América Latina y masacre del maíz mexicano

Dentro de la nueva ofensiva de las multinacionales para introducir más cultivos transgénicos en América Latina, uno de los casos más graves es la amenaza de Monsanto y Dupont-Pioneer de cultivar en México una superficie de maíz transgénico superior al territorio de El Salvador.

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A pesar de las buenas noticias que llegan desde Perú, con la reciente aprobación de la reglamentación de la moratoria de 10 años al ingreso y producción de transgénicos en el país, la presión de la agroindustria cada vez es más fuerte en América Latina. Aunque el rechazo a los cultivos transgénicos está incluido en la constitución de Ecuador, el Presidente Correa lleva unos meses intentando agitar la polémica para dar marcha atras, usando los ya manidos y no demostrados argumentos de incrementos de la productividad y lucha contra el hambre. A esto le sumamos que tras el golpe en Paraguay contra el Presidente Lugo, casualmente una de las primeras medidas de la nueva administración ha sido acelerar la introducción de cultivos transgénicos, con show incluido en el que el nuevo Presidente Federico Franco interrumpió una misa para rebatir las críticas del obispo a las semillas transgénicas.

Ya no es suficiente con tener el cono sur convertido en una República de la Soja, una auténtica catástrofe ambiental, sanitaria y campesina, ahora el objetivo son nuevos cultivos: maíz, algodón… De nuevo cultivos industriales para satisfacer la demanda de materia prima para alimentación de ganado, textil y agrocombustibles en EEUU y resto de países ricos.

Dentro de esta ofensiva comienza el asalto final al centro de origen y de diversidad del maíz, México, su lugar de procedencia y donde se han identificado cientos de variedades desarrolladas durante siglos por campesinos y campesinas. Ahora, todas estas variedades podrían estar bajo un riesgo inaceptable de contaminación genética. Si con tan solo aprobarse el tratado de libre comercio entre México-EEUU-Canadá ya se empezó a detectar la contaminación del maíz mexicano por la importación de maíz transgénico, si se autoriza la siembra la pérdida de agrobiodiversidad será irreversible. Al denunciar esta situación, el científico de la Universidad de Berkeley Ignacio Chapela sufrió una persecución brutal, y esto nos indica que la agroindustria no va a reparar en gastos para conseguir sus objetivos esta vez tampoco.

La solicitud de Monsanto y Dupont-Pioneer abarcaría una superficie de dos millones y medio de hectáreas, un área mayor a la de algunos países, como El Salvador. Y una gran parte sería con el maíz resistente a herbicidas NK603 que levantó la polémica con la publicación de un artículo que lo relacionaba con daños a la salud.

En los próximos días sabremos si una de las últimas decisiones del presidente saliente, Felipe Calderón, es condenar a muerte al centro de diversidad de uno de los cultivos más importantes para la humanidad, regalándoselo a las multinacionales semilleras.

Mas información:

Comunicado de La Vía Campesina: Transgénicos en México, un crimen contra el maíz campesino e indígena, un crimen contra la humanidad

Comunicado del grupo ETC: Masacre del maíz mexicano

Y se puede pedir a Felipe Calderón que prohíba las siembras de maíz transgénico aquí

Coexistencia, otra vez…

Creé este blog hace un par de meses, y todavía no había tenido tiempo de empezarlo. Cuando ya pensaba que casi mejor dejarlo para después del verano, hace un par de días esta noticia de El País me puso los pelos como escarpias y me indignó un montón: “El Gobierno dice que “el maíz transgénico es más ecológico que el convencional”. Y el objetivo de este blog es socializar mi indignación, así que es una buena forma de empezar.

La verdad es que las declaraciones del Ministro de Agricultura y Medio Ambiente que recoge el artículo no son nada nuevo. Es algo que la propaganda de la industria lleva diciendo años, que los técnicos y cargos más protransgénicos del Ministerio ya insinuaban antes, y que ahora Arias Cañete se atreve a decir sin ningún rubor. De nuevo los mismos argumentos conspiranoicos donde Francia prohíbe el cultivo de maíz transgénico para dominar el mercado, mientras que la posición de España es puro rigor científico e interés social. Menos mal que por lo menos el periodista recuerda el bochorno de los cables de Wikileaks. Aquellos donde quedaba claro que el cultivo de transgénicos en España es una cuestión de ciencia, si, pero de ciencia política, relaciones exteriores y presiones de la Embajada de EEUU.

Pero hay algo en el artículo mucho más inquietante que estas alegres declaraciones del Ministro, el anuncio de que el Gobierno tiene intención de aprobar una normativa de lo que denominan “coexistencia” entre los cultivos transgénicos, convencionales y ecológicos. Desde 2004 llevamos debatiendo en España sobre como hacer compatibles estos cultivos, y la única realidad es que la extensión del cultivo de maíz transgénico en zonas como Aragón o Cataluña está haciendo desaparecer el maíz ecológico por contaminación. Eso, además de multitud de impactos a lo largo de toda la cadena alimentaria: contaminación de cosechas, alimentos, piensos, imposibilidad de establecer un seguro agrario que cubra los daños por contaminación transgénica, la imposibilidad de producir piensos libres de transgénicos en España con los sobrecostes que supone para la ganadería ecológica, pérdida de los mercados de maíz y gluten convencional…. Y un largo etcétera que se documento en un informe enviado por organizaciones ecologistas, agrarias y de consumidores a la Comisión Europea.

España es una muestra clara de que la denominada coexistencia es imposible. Imposible en el cultivo, como demostraron los informes de Greenpeace junto a organizaciones catalanas “La imposible coexistencia” u otro más reciente “La Coexistencia sigue siendo imposible. Testimonios de la contaminación“. Pero también imposible a lo largo de toda la cadena de producción, generando unos sobrecostes que tienen que ser soportados por aquellos que quieren producir alimentos sin transgénicos. Sin olvidarnos de la más reciente amenaza sobre todo el sector apícola español.

 

Allá por 2003, una vez reformada la legislación sobre transgénicos, la Comisión Europea publicó unas recomendaciones sobre normativa de “coexistencia”. En tiempos de Cristina Narbona como Ministra de Medio Ambiente se elaboró un borrador de Real Decreto, en un contínuo rifirrafe con el Ministerio de Agricultura, por aquel entonces encabezado por Elena Espinosa. Una coalición de organizaciones sociales y agrarias presentaron alegaciones. Una normativa de este estilo puede, o bien legitimar y dejar impunes los impactos de estos cultivos, o bien limitarlos hasta hacerlos inviables. El Gobierno no se atrevió a (o Narbona y Espinosa nunca se pusieron de acuerdo para) aprobar aquel Decreto y desde entonces se acusa a asociaciones ecologistas y agrarias de no tener una normativa sobre coexistencia en España. Porque como todo el mundo sabe, en España las leyes las apruebas las organizaciones sociales, y no el Parlamento o el Gobierno.

El borrador de Decreto se guardó en algún cajón, y durante todo este tiempo el único país de la Unión Europea que cultiva transgénicos a gran escala ha estado haciéndolo sin ningún tipo de transparencia y control. Tan solo hubo un tímido intento, ya al final de la segunda legislatura del PSOE, con la llegada de Rosa Aguilar al Ministerio, de elaborar un Registro de parcelas donde se cultivan transgénicos. Algo tan sencillo como cumplir, de una vez, la Directiva Europea sobre este tema. Pero ni eso fueron capaces de aprobar, hecho que fue denunciado por campañas para exigir transparencia y el legítimo derecho a la información de agricultures y vecinos de estos campos.

Ahora con el regreso de Arias Cañete al Ministerio, una de las personas que más hizo en su momento para introducir cultivos transgénicos en España, quieren debatir sobre coexistencia. Cuando el cultivo del único transgénico autorizado para cultivo en la UE, el maíz MON810 de Monsanto está prohibido por las principales potencias agrarias: Francia, Alemania, Italia, Polonia, Hungría, además de otros como Austria y Luxemburgo. Cuando la oposición social crece cada año a pasos agigantados. Cuando la industria de la biotecnología agraria huye de Europa por este rechazo social. Ahora, nueve años después, el Gobierno del PP quiere volver a debatir sobre como legitimar el cultivo de transgénicos en España a través de un Decreto de “coexistencia”. Es como si nunca consiguieramos seguir la tendencia Europea a apostar por una agricultura más sostenible y de calidad.

 

Hay debates que cansan. Si de verdad Cañete quiere legislar sobre este tema, que cumpla la legislación europea y apruebe un registro de parcelas cultivadas con transgénicos. Que modifique la Ley de Responsabilidad Ambiental de la que en su tramitación se eliminaron los artículos que hacías referencia a los cultivos transgénicos. O que establezca medidas para proteger a los y las productoras ecológicas y convencionales de la contaminación, como le exigió hace un par de años el Congreso al Gobierno.

Y ya, si de verdad le interesa el futuro de nuestra agricultura y alimentación, el medio ambiente y la salud pública, o lo que piensa una gran mayoría social, que siga los pasos de Francia o Alemania y prohíba el cultivo de maíz transgénico en nuestro país.