Ciencia y riesgos de los alimentos transgénicos

Hoy se ha dado a conocer un nuevo artículo científico que cuestiona la seguridad a largo plazo para la salud de un cultivo transgénico. Más que cuestionar, los resultados son demoledores. Y como cada vez que se publica alguna evidencia científica sobre sus riesgos para la salud, el medio ambiente o la biodiversidad, la reacción ha sido machacar al responsable de la investigación y despreciar su trabajo.

¿Qué tiene este estudio de especial que está formando tanto revuelo? Se trata de un estudio de la Universidad de Caen, Francia, que ha realizado ensayos durante dos años con ratas de laboratorio para evaluar los posibles efectos tóxicos de un maíz transgénico de Monsanto, el NK603. El artículo, que se publicará en la revista Food and Chemical Toxicology y se puede descargar aquí concluye que las ratas alimentadas con este maíz, incluido a pequeñas dosis, presentan en mayor proporción problemas como tumores o daños en hígado o riñones. Las fotos que acompañan al artículo son impresionantes, se pueden ver también en el artículo del periódico francés que ha lanzado la noticia.

Este estudio tiene varios aspectos muy interesantes:

– Se ha realiazado durante dos años. La Unión Europea, a la hora de aprobar un transgénico para alimentación humana o animal, solo exige un estudio de 90 días. Un estudio que conviene recordar realiza por ejemplo Monsanto, y la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria se limita a revisar. Muchos estados miembros critican estos estudios de tan corto plazo, especialmente cuando las dudas sobre los efectos de los transgénicos para la salud se plantean a largo plazo.

– El estudio está publicado en una revista científica de cierto prestigio, que según señala El País, también publica resultados de la propia Monsanto. Luego tan mala, no será. El hecho de ser publicada en esta revista implica que ha pasado un proceso de revisión por pares (peer-review) en el que se le habrán señalado a los autores las posibles deficiencias o dudas, que habrán tenido que corregir antes de su publicación definitiva.

– El estudio está financiado por una fundación francesa y por empresas de alimentación como Carrefour o Auchan. Que en Francia si se posicionan un poco más contra los transgénicos, pero que en otros países no tienen problemas en defenderlos.

– El maíz NK603 está aprobado para su importación en la Unión Europea, para alimentación humana y animal. Esto quiere decir que está presente, seguro, en la alimentación animal, y probablemente en algunos alimentos, ya sea etiquetados como transgénicos, o que los contengan por debajo del umbral que obliga a su etiquetado, el 0,9%.

– En España Monsanto ha cultivado este maíz de forma experiemental en varias localidades, con riesgo de contaminación de los campos vecinos. Aquí se puede consultar un mapa con estos ensayos.

Aunque sea el primer estudio publicado con un tiempo de ensayo tan prolongado y haya que seguir investigando, parece que lo suyo sería que el Gobierno y la Comisión Europea se replantearan la autorización para importar este maíz y su cultivo experimental mientras se realizan nuevas investigaciones. Sin embargo, nos encontramos con lo de siempre.

– La industria lanza a los pocos minutos de la publicación del artículo sus consignas a través de uno de sus medios, en esta ocasión el Science Media Center, que está financiado directamente por Bayer, Syngenta, BASF y muchas más. Indirectamente, también por Monsanto a través de CropLife International.

– Estas consignas son recogidas por ese grupo de científicos que por su fé tan ciega en los transgénicos son incapaces de admitir ninguna posibilidad de riesgos. Y las repiten de forma disciplinada (ver por ejemplo al profesor de la UAM en el artículo de El País). O peor, son recogidas de forma directa sin cuestionar el entorno del que proceden (otra vez El País).

– También está la estrategia de echar mierda al enemigo desprestigiando al autor del estudio. Por ejemplo lo que hacen dos insignes radicales protransgénicos en un artículo en Materia. Es una estrategia que hemos visto más veces, cada vez que un científico publica algo que arroja dudas sobre la seguridad de los cultivos transgénicos. Y explica en gran medida por qué por ejemplo en España, el único país de la Unión Europea que cultiva transgénicos a gran escala, no hay ningún equipo de investigación evaluando riesgos o impactos de los cultivos transgénicos. Nadie lo financia, y hay miedo a publicar.

En un debate tan agrio y con tantos intereses empresariales, comerciales y políticos como el de los cultivos transgénicos sobra víscera y falta un poco de cordura. Y son precisamente los que acusan a ecologistas o agricultores de fanatismo, los más radicales en negar evidencias y despreciar a cualquiera que se atreva a cuestionar sus dogmas.

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